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Almanax 131 Octobrero
Haluín
La fiesta de Haluín debe su nombre a un campesino de la Edad de los Dofus. Para intentar ganar el ...

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Al principio no había nada. Después, surgieron las dos energías creadoras de todas las cosas: el Wakfu, encarnado por la Gran Diosa, y la Stasis, encarnada por el Gran Dragón. Como estaban solos, empezaron a aburrirse seriamente.

Entonces, para pasar el tiempo, se pusieron a bailar. De este baile y del amor del dragón por la diosa, nació un huevo cósmico: el Krosmoz.
El Krosmoz era tan vasto que en él había millares de planetas. Sin embargo, sería solamente en uno donde ocurrirían eventos extraordinarios. Se dice que, en la noche de los tiempos, fue habitado por una poderosa civilización que desapareció a causa de una terrible guerra. Igualmente, cuentan que este planeta estuvo abandonado durante milenios antes de que una segunda generación de dioses decidiera poner su granito de arena. Uno de ellos, llamado Osamodas, manejaba el látigo como nadie.

De un latigazo, envió sus dragones sagrados a insuflar vida de nuevo en aquellas tierras desoladas. Así fue como se creó el Mundo de los Diez, bautizado así por el número de dioses que lo habitaban.
En este mundo se encarnaron los héroes más poderosos de todo el Krosmoz. Héroes sólidos como crujidores, fuertes como trools, pero también, a veces, dotados de un cerebro de tofu. ¡Al rezar a los dioses, estos aventureros recibían soberbios poderes!

La devoción tomaba un lugar importante en el día a día. Dos diosas menores utilizaron este creciente fervor para desarrollar su culto, desconocido hasta entonces, y unirse al panteón divino. Esta apoteosis doble no quedó exenta de consecuencias: como había doce dioses, el planeta no podía seguir llamándose así.

A partir de entonces, se llamaría el Mundo de los Doce...
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